La lengua es un sistema de citas

No hay pobreza ni riqueza. Cada cual ejerce su oficio. No hay posesiones, ni herencias. Ya ha engendrado un hijo.

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Puede prescindir del amor y la amistad. Cuando quiere se mata.


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La muerte no es dolor e incluso "se discuten las ventajas y desventajas del suicidio". Cuando se encuentra con "Alguien", éste tiene ya años y se dispone al suicidio. Antes, quema todas sus pertenencias muebles y enseres labrados por él mismo y entrega a Eudoro una tela en blanco, pintada con "materiales hoy dispersos en el planeta".

Si desde una orilla puede leerse como un ideal imaginado: Asimismo, su texto deja en claro la preferencia por Wells y no por Julio Verne, el autor de los viajes espaciales a los cuales desecha burlescamente en esta utopía. Para Borges, "Wells fue un admirable narrador, un heredero de las brevedades de Swift y de Edgard Allan Poe; Verne, un jornalero laborioso y risueño.

Verne escribió para adolescentes; Wells, para todas las edades del hombre. Hay otra diferencia, ya denunciada alguna vez por el propio Wells: De esa hermosa fantasía es la naturaleza del presente que llega a manos de Eudoro Acevedo. En esta utopía el autor traza un mapa de sus preferencias literarias, porque, como observa Carlos Fuentes Con humor a veces, con adhesiones al pasar, Borges evoca, por supuesto, a Moro y Quevedo.


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  • Jorge Luis Borges: Utopía de un hombre que está cansado - La Insignia.
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Menos cerca de estas fantasías literarias, sigue a otro inglés, el filósofo George Berkeley -quien afirmaba que existir significa ser percibido, esse est percipi -, para criticar el tiempo que vive en la voz de Eudoro Acevedo. En conversación con "Alguien" le explica que "sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi ser es retratado era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo". La otra alusión en latín de este relato corresponde a sub specie aeternitatis , que recoge la idea de Baruch Spinoza conforme a la cual estamos capacitados para percibir las cosas sub specie quadam aeternitatis bajo una cierta especie de eternidad.

Por eso no es raro que, como Fernando Pessoa y su calle de los Doradores Pessoa, Biografía y ficción van entrelazando el desplazamiento del relator de esta utopía. En Borges los tiempos son divergentes, convergentes y paralelos. Sus relatos, comenta Fuentes, son incomprensibles sin la inteligencia de una variedad de tiempos y espacios que revelan una diversidad de culturas. Por eso Borges, a través de Acevedo, es Hytlodeo, el relator de la utopía de Moro. Es, también, el espacio de lo ambiguo. Por momentos, el texto parece describir una utopía: Pero esa ficción también alcanza la distopía de la uniformidad: En esa ambivalencia, en ese doble mundo de posible imagen del futuro y a la vez de advertencia se confunde el visitante y el huésped.

Sin olvidar el tono satírico, el mismo empleado por Moro en su u-topía, el narrador va jugando con el espejo de las personalidades. El huésped no se incomoda con el "viaje espacial" del visitante, ni el visitante parece sorprendido por su presencia en ese universo, a sólo un día de distancia. Alguien sabe que estas visitas "no duran mucho" y "ocurren de siglo en siglo". El viaje no es el secreto.

Borges y el cansancio de lo mismo

Como en las novelas de Wells u Orwell, asistimos en esta utopía a una pérdida de la individuación y espontaneidad. Las reglas dictadas se han internalizado y se considera un campo de concentración como un paraíso terrenal, porque ya no tiene contradicciones. Se exaltan las cualidades colectivas ante la edificación de un poder omnisciente, autoritario y coercitivo. Así, Fernando Aínsa En casi todas las utopías, el orden, el Estado o el poder suprime las manifestaciones del individualismo.

En la utopía se arriba a un estado de detención, de domesticación. Lo utópico emerge como la abolición de la historia y la contingencia, de aquello genuinamente humano. La nivelación juega a favor de un individuo anónimo y modelado sobre la base de patrones generales. No se levantan efigies a los muertos ni tampoco la muerte es atroz. La sentencia de Octavio Paz de que el hombre inventó las eternidades y los futuros para escapar de la muerte es puesta en duda. Borges, en este relato, enfrenta al hombre del porvenir al suicidio. La muerte es una cita. Eudoro también lo percibe. Fernando Pessoa concibe que "la muerte es una liberación porque morir es no necesitar al otro Por eso ennoblece la muerte, viste de galas desconocidas al pobre cuerpo absurdo Pessoa, Es cierto, el hombre del porvenir ni tiene miedo ni necesita a los otros para ese acto solitario que es morir.

Su proposición de una posible imagen el futuro cifra la esperanza que plantea Ernst Bloch, pero nos parece decir, en el mismo tono satírico de Moro, que se trata de una utopía donde el tiempo infinito no es suficiente para cambiar el rostro severo de los seres humanos. El hombre que imagina el futuro asiste a la destrucción de las cualidades. En este proceso de desintegración del yo, nadie y todos son el mismo "Alguien".

Si cualquiera puede ser "su propio Bernard Shaw, su propio Jesucristo y su propio Arquímedes" nada vale ser alguien distinto. Como en otros textos del autor de El Aleph , la infinita variedad se ha fundido en un solo hecho que es agrandado hasta abarcar el universo Barrenechea, Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local.

Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar.

la lengua como sistema

No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien. En una de las paredes vi un anaquel. Abrí un volumen al azar; las letras eran claras e indescifrables y trazadas a mano. Instintivamente miré los largos y finos dedos del hombre. No sin fatuidad repliqué: Leí en voz alta el título. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.

Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos. Parece que les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi ser es ser retratado era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo. En el ayer que me tocó, la gente era ingenua; creía que una mercadería era buena porque así lo afirmaba y lo repetía su propio fabricante.

También eran frecuentes los robos, aunque nadie ignoraba que la posesión de dinero no da mayor felicidad ni mayor quietud. Cada cual ejerce un oficio. Pareció no entender y prosiguió. A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho. Ya que no hay posesiones, no hay herencias. Ya ha engendrado un hijo. No conviene fomentar el género humano. Hay quienes piensan que es un órgano de la divinidad para tener conciencia del universo, pero nadie sabe con certidumbre si hay tal divinidad.

Pero volvamos a lo nuestro. Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan.

Cuando quiere se mata. Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte. La lengua es un sistema de citas. Nunca pudimos evadirnos de un aquí y de un ahora.

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Con una sonrisa agregó: Ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente. Cuando usted entró en este cuarto estaba ejecutando un viaje espacial. También se hablaba de sustancias químicas y de animales zoológicos. El hombre ahora me daba la espalda y miraba por los cristales. Afuera, la llanura estaba blanca de silenciosa nieve y de luna. Me atreví a preguntar: Queremos olvidar el ayer, salvo para la composición de elegías.

No hay conmemoraciones ni centenarios ni efigies de hombres muertos.

"La lengua es un sistema de citas" (Borges)

Cada cual debe producir por su cuenta las ciencias y las artes que necesita. Asintió sin una palabra. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. Cambió de tono y dijo: He labrado estos muebles y estos enseres.